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El Consenso de Buenos Aires

El Consenso de Buenos Aires De que se puede, se puede

NIDIA DÍAZ

En momentos en que el imperio y las viejas potencias coloniales dan prueba inequívoca de inflexibilidad en sus relaciones con el Tercer Mundo, los presidentes de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, y de Argentina, Néstor Kirchner, rubricaron el llamado Consenso de Buenos Aires y exhortaron al resto de los países latinoamericanos a asumirlo como propio.

La decisión es trascendente y será histórica en la medida en que sus inspiradores logren capear las presiones de todo tipo que ya les llegan por parte del Norte rico y desarrollado y, consigan, además, que los gobiernos de la región, como parte del Consenso, avancen en la consecución de una posición común que los haga más fuertes en las complicadas y excluyentes relaciones internacionales.

El Consenso de Buenos Aires puede considerarse antónimo del Consenso de Washington, documento programático del modelo neoliberal.

El Consenso de Buenos Aires, dijeron Lula y Kirchner, es "una asociación de carácter estratégico en la que asumimos el combate contra la pobreza y la desigualdad, el desempleo y el analfabetismo", elementos que configuran, sin duda, la pérdida de la libertad y la independencia de nuestros pueblos y hace irreversible la ingobernabilidad en el área.

El documento, que consta de 22 puntos, constituye la base de un programa que aspira a ser continental y que tiene que ver en primer lugar con la responsabilidad de los estados a no pagar su enorme deuda externa con el hambre y la exclusión social; a no aceptar los programas de ajustes y que caiga sobre sus ciudadanos el peso de tantos quebrantos económicos.

En ese sentido se apunta la necesidad del fortalecimiento del papel estratégico del Estado e impulsar políticas públicas que apuntalen el crecimiento sostenido y la distribución equitativa, propiciando ordenamientos tributarios y fiscales más justos.

Asimismo, se plantea "dar absoluta prioridad a la educación como herramienta de inclusión social" y garantizar el bienestar de los pueblos, así como ratifica la integración regional como una opción para la inserción en el mundo.

Otro de sus compromisos es fortalecer un orden multilateral fundado en la igualdad soberana de todos los estados en rechazo al ejercicio del poder unilateral, reafirmar el papel central de la ONU y del Consejo de Seguridad, combatir la amenazas a la paz y a la seguridad internacional y el terrorismo.

Difícil será el camino. Apenas unas horas antes de que el documento fuera rubricado, el economista inglés John Williamson, reconocido por su paternidad del denominado Consenso de Washington, advirtió a los mandatarios de Argentina y Brasil la conveniencia de adicionar al texto "la disciplina macroeconómica, el libre comercio y la economía de mercado", elementos consustanciales al modelo neoliberal cuya aplicación salvaje es responsable de la actual situación continental.

No puede olvidarse que el Consenso de Washington tiene como sus prioridades la privatización y la desregulación de la economía como ejes para las políticas de los países subdesarrollados.

Williamson sabe que tales propuestas son excluyentes para poder llevar adelante una política con énfasis en lo social.

De lo que se trata y eso puede percibirse, es de que de la mano de Lula y Kirchner, América Latina, construya una alternativa al modelo actual impuesto por los principales centros de poder.

Solo el consenso y la suma de voluntades podría lograrlo.

De que se puede, se puede.

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